LEER

Se acerca mi sexagésimo tercer cumpleaños. Durante estos últimos meses, bien creí que no viviría para contarlo. Pero en el barrio de los vivos continúo. Y como en este barrio sigo, aún puedo hablar con Alonso Quijano.

—Alonso. Alonso.

Pues no, no me contesta.

—¡Cómo te va a contestar si está preso en el Quijote!

—Cierto, ciego, cierto.

—Lo que hay que ver. Ya confundes, amo, la realidad con la ficción.

Bueno, lo mismo da. Quería reproducir lo que algunas y algunos estiman: Leer no es, necesariamente, perjudicial para la salud. Puede que Alonso Quijano deba su memorable locura al mucho leer…

—¿Periódicos?

—De tu aparente incultura ya tenemos noticias, mi querido Teo; calla y a lo tuyo, a dibujar sombras proyectadas.

Pero como algunas y algunos estiman que lo mató la cordura, no su bendita locura, y como suelo hacer regalos cada vez que cumplo años, os invito a LEER.

Son libros míos, procedentes de uno de mis mundos, del que me alimenta el espíritu, no el cuerpo, y debo adelantar que pueden herir la sensibilidad de la lectora o del lector.

—Como no necesiten prender fuego o calzar alguna mesa coja con los libros en papel… Y ni eso podrán hacer si eligen el formato electrónico.

—¡Alonso! ¡Alonso!

SAL DULCE