LA VIDA

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Imagen de Engin Akyurt en Pixabay

—¿Continuamos el viaje hacia el ayer, jefe?

—Bueno, pero a mi aire, Rogelio. Eso de ir por orden estrictamente inverso…

—Ya contamos con tus desórdenes hacia atrás o hacia delante, llévanos por donde quieras y, como tú dices, que salga el sol por donde quiera.

—O que no salga.

—Sí, también dices eso, pero como el sol nunca sale para mí…

—Sí sale a veces, invidente a tiempo parcial.

—Dejemos eso, ni lo tuyo ni lo mío tiene remedio.

—Soy mal padre, lo sé. Pero ya estabas allí, en condiciones tan lamentables, cuando un día desperté, como allí seguía el dinosaurio de Monterroso cuando él despertó un día.

—¿Es la vida una ficción?

 
Portada La vida y otras ficciones
 
 
—¿Una ficción la vida?
 

—Eso se desprende del título de tu penúltimo libro.

—Se desprenderá para quienes, como tú, no lo habéis leído.

—Yo no puedo, jefe.

—Aprovecha al máximo tus momentos de luz, caramba.

—Eso hago.

—Lo que haces es contemplar a Irina y empinar el codo.

—Porque me gusta lo bueno e incluso lo muy bueno, como a ti, como tú dices igualmente. ¿Qué es entonces la vida, jefe? Y no plagies al poeta en tu respuesta.

—No plagiaré a Calderón de la Barca, descuida. En mi celeridad de luz hacia el saber cero, tampoco estoy en condiciones de afirmar ni lo que Sócrates aseguran que afirmó pues la escritura limitaba, según dicen que decía, y nada escribió.

—¿Ni realidades ni ficciones?

—Nada. Como lo que único que acabó sabiendo él, según dicen. Y ni eso sé yo si lo sé, mi querido Rogelio.

Vuelve Irina a fumar un cigarrillo ruso sin ansiedad, vuelve a leer, me mira ahora (¡Dios, qué hermoso es el arcoíris en sus ojos; ya creo saber, de pronto, lo que es la vida!), leve su sonrisa triste al susurrar: Como si nunca hubiéramos existido, ese entierro cruzándose con un bautizo, ajenas, enseguida, nuestras huellas.

—¿Qué has dicho? —le pregunta Rogelio.

Pero nada le responde ella, Irina la pía, más bella todavía por gestos así.

—¡A comer!

La voz de Blanca procede de la cocina, su voz juiciosa nos recuerda que todavía existimos.

Quien no espera es Teo el graduado en Bellas Artes. Tira mi libro al suelo (¡será sincero el narigudo!) y es raudo, muy raudo, su caminar hacia las viandas, que son el vivir, como el vivir son los retretes, el sueño y otras esclavitudes.

CON LA VIDA, SEA LO QUE SEA, OS DEJO.

¿Que cuándo volveré?

Quién sabe, hermano.

Hermana, quién sabe.

No lo sé.